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Organización  Política  Proletaria OPP

18 feb. 2012

RECOMPONER EL MOVIMIENTO OBRERO


RECOMPONER EL MOVIMIENTO OBRERO

   Hace ya 400 años, William Petty, uno de los más destacados campeones del liberalismo clásico escribió:

   “La ley sólo debería conceder al obrero lo estrictamente necesario para vivir, si se le concede el doble no rendirá más que la mitad del trabajo de que es capaz y que de otro modo suministraría. De donde resultará que el público saldrá perjudicado en una cantidad igual de trabajo” [1]

   En estas pocas líneas, Petty expresaba la exigencia fundamental de la burguesía, aún cuando todavía no era la clase dominante más que en unos pocos países: libertad para explotar el mayor tiempo posible la fuerza de trabajo del obrero. De otro lado, Petty, a tan temprana época, expresa con toda claridad y candidez la esencia de la explotación del capital sobre el trabajo: 1º establecer un salario mínimo representado por la cantidad de bienes capaces de cubrir tan sólo lo estrictamente necesario para impedir la muerte del obrero por hambre y para mantenerlo en condiciones de trabajar, así sea en las condiciones más miserables; 2º la existencia de un excedente de trabajo, no pagado por el capitalista. Marx, comentando el pasaje citado, lo explica así:

   “El valor del trabajo se determina, pues, por los medios de vida necesarios. Para mover al obrero a producir plusvalía y a suministrar trabajo sobrante, no hay más remedio que obligarle a desarrollar toda la fuerza de trabajo de que sea capaz con el fin de obtener lo estrictamente necesario para subsistir…”[2]

   No deja de llamar la atención otro señalamiento de Petty, es el referido a que “el público saldrá perjudicado en una cantidad igual de trabajo”. De manera palmaria, el ideólogo burgués sólo reconoce a su clase, la burguesía, como expresión de la ciudadanía (el público) y no puede tolerar que se le impida apropiarse, gratuitamente, del tiempo sobrante del obrero. Poco más de cien años después, los revolucionarios franceses, al igual de los ingleses y los norteamericanos, sólo otorgarán derechos electorales a los propietarios, quedando de manifiesto la verdadera esencia de la tan cantada democracia burguesa. ¿Extraña entonces la afirmación de Lenin donde exhibe a la democracia como la careta utilizada por la burguesía para encubrir su dictadura, cuando no la ejerce abiertamente? Y si hoy el proletariado tiene derecho al sufragio universal, a la legislación que, por lo menos, atempere la voracidad empresarial y cuenta con un mínimo de seguridad social, no es por la magnificencia ni por la largueza de la burguesía, sino por la tenaz lucha de los trabajadores en pro de esos derechos.

   En estos aciagos días de globalización y neoliberalismo, los postulados de los santos patricios burgueses son considerados, tras 400 años de existencia, dogmas de fe de los economistas al servicio de las grandes empresas monopólicas dominantes en la economía mundial. Y como dogmas se acatan, pero no se discute su validez. Al igual de los obispos bisantinos, se discute interminablemente sobre el tema, sin poner en duda los dogmas; tal es, en esencia, la ciencia económica burguesa en nuestro tiempo.

   En estos aciagos días de dominio de los descendientes de tan castos barones, se nos quiere regresar a la época cuando los capitalistas eran dueños de las vidas y honras de los obreros y se les trataban ni más ni menos que como a esclavos, o peor, pues los esclavos, al menos, tenían asegurada su existencia, cruel e infame, es cierto, pero, al fin y al cabo asegurada, lo cual no sucede con el proletariado.

   No obstante bravos capitanes de empresa se han lanzado a luchar para acabar con lo considerado por ellos abusos de los obreros, quienes en el colmo de la inconsciencia pretenden ganar cada día más y obtener prestaciones aún mayores, sin tomar en cuenta ¡oh irresponsables!, que la sacrosanta competencia interburguesa exige que sean sacrificados, y a lo  cual egoístamente se resisten pues carecen de solidaridad con las empresas de donde obtienen lo necesario para alimentarse ellos y sus familias.

   Se pretende terminar con tal infamia de los trabajadores, y los paladines de la libre empresa, encabezados por personeros imperiales, atacan sin piedad las conquistas históricas de la clase obrera.

   Aprovechando el desarrollo desigual del capitalismo, los neoliberales imponen condiciones de intercambio más gravosas todavía a los países subdesarrollados arruinando sus economías. Valiéndose del espantoso desempleo reinante en esos países, trasladan las empresas a ellos, para evadir los salarios vigentes en sus respectivas naciones, sin ninguna ventaja para los países receptores de semejantes inversiones, pues no aportan tecnologías de punta aprovechables por los países donde invierten, no generan valor agregado autóctono, los empleos creados son totalmente precarios, pues eluden la seguridad social de los trabajadores y los salarios pagados son miserables, insuficientes para mejorar las condiciones de vida de los asalariados, tampoco aportan fiscalmente, aplican una competencia desleal con los países maquiladores, porque los productos regresan a los mismos reetiquetados y a precios mucho mayores, convirtiéndolos en exportadores netos de capital, pues las ganancias jamás se reinvierten en ellos, descapitalizándolos y saqueando sus recursos naturales y humanos, etc.

   También en las metrópolis imperiales se resienten los efectos de esas medidas. El desempleo va en aumento y se ha convertido en un mal crónico; la ofensiva contra la seguridad social, en especial los servicios médicos, los seguros de desempleo y las pensiones, que país tras país, se entregaron a la oligarquía financiera, se han intensificado y han originado grandes movilizaciones en casi todos los países industrializados; la utilización de inmigrantes ilegales en la industria ha creado un enorme ejercito de reserva utilizado por las patronales para reducir los salarios de los obreros e intentar aniquilar su resistencia, y como complemento, a los trabajadores ilegales se les mantiene totalmente marginados de los beneficios sociales, incluso, ni siquiera pueden obtener una licencia de manejo o asistir a un médico ante el temor de las deportaciones, lo mismo en EE UU que en Europa, Asia y América Latina, sin embargo, la ausencia de oportunidades económicas, a causa del sometimiento de los gobiernos locales a las exigencias de los organismos financieros imperialistas, les orilla a soportar situaciones, infrahumanas muchas veces, como acontece en Corea, China, La India, etc., en donde los obreros son tratados peor que animales y sometidos, en muchos lugares, a condiciones de semiesclavitud.

   Los efectos sobre los trabajadores han sido devastadores. La población es expulsada de sus países por lo que la emigración se ha disparado en todo el mundo, incluso, de los países del antiguo bloque socialista han debido, prácticamente, exiliarse cientos de miles en Europa occidental. Otro tanto ocurre de los países africanos hacia España y Francia. En América Latina la emigración es masiva, sólo de México hacia los EE UU, se fueron en el sexenio anterior más de 5 millones de personas, lo cual quiere decir que aproximadamente el 5% de la población, principalmente rural, fue obligada a marcharse del país por no encontrar posibilidades de empleo. .

   No sólo la emigración aumentó. También la pobreza generalizada de los trabajadores, tanto de la ciudad como del campo. El ataque a los sistemas de seguridad social, aunado al empobrecimiento de la población, aumenta las muertes por enfermedades fácilmente curables. En particular, las muertes por desnutrición (eufemismo utilizado para denominar al hambre) se han disparado, las condiciones de vivienda, de por sí precarias, han empeorado, la educación, denuncia la UNICEF, ha decrecido y empeorado, y un largísimo etcétera más.

   No deseo abrumarlos con un montón de cifras. Pero me parece adecuado que por lo menos en un aspecto, particularmente odioso, demos algunos números, me refiero al trabajo infantil:

   La UNICEF, y otras organizaciones defensoras de los derechos de los niños, han denunciado la creciente utilización del trabajo infantil, incluso en actividades de alto riesgo como la minería y las milicias, o degradantes, como la pornografía y la prostitución infantiles o el tráfico de drogas:

   En América Latina en 1990 trabajaban en la región 7.300.000 menores entre los 10 y los 14 años. En San Salvador y otras ciudades brasileñas del estado de Bahía viven y trabajan aproximadamente 3.000 niños. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) apuntó, por su parte, el pasado mes de marzo, que en Haití existen entre 250.000 y 300.000 menores que trabajan como empleados domésticos en condiciones de semiesclavitud. Las tres cuartas partes de estas modernas cenicientas son niñas. Se llaman restavek (reste avec, quedarse con alguien, en francés)[3]. En México, según el INEGI,  “Al año 2002 en México, 3.3 millones de niños y niñas de entre 6 y 14 años realizan algún trabajo, esto es 1 de cada 6 niños en ese rango de edad”[4], esa cifra, a 5 años de distancia, sin duda ha crecido significativamente.

En el Indostaní “Un millón de niños tejen las alfombras en decenas de miles de telares distribuidos por Pakistán, India o Nepal. Antiguos comerciantes exportadores las encargan a intermediarios locales, los cuales a su vez las subcontratan a los propietarios de los telares. Estos se las encargan a tejedores que las realizan con ayuda de algunos asalariados. Muchos son los intermediarios y todos quieren obtener beneficios. Basándose el último eslabón que normalmente son niños. Se los prefiere no sólo por sus pequeños dedos adaptados al trabajo, sino también porque los adultos no están dispuestos a semejante explotación.”[5] En la misma India tenemos que: “Junto a tener uno de los mayores tasas de analfabetismo en el mundo, la India tienen el mayor número de trabajadores entre cuatro y catorce años. El gobierno habla de diecisiete millones, la OIT de cuarenta y cinco millones, pero Swani Aquivesh del Frente de Liberación del Trabajo Forzado, admite que en el año 1994 había más de sesenta millones…Al menos cinco millones son esclavos, forzados a no poder abandonar el puesto de trabajo a pesar de no recibir paga, por deudas contraídas por su familia o porque los padres han recibido un anticipo sobre este trabajo.”[6]  “Panjaran, de 10 años, se convirtió en esclavo a los 6 años por un préstamo de 14 dólares. Dice que "el encargado me pegaría con un palo si no llegara a tiempo, si no liara 1.500 beedies en un día, si estuviera cansado, si mirara alrededor; me pondría una caja de cerillas debajo del mentón, y me pegaría si se cayera."

   En la industria del juguete a la explotación se suma la más cruel de las burlas: “En la etiqueta estará escrito MATTEI, LEGO o CHICCO, pero el 80% de los juguetes de todo el mundo se fabrican en China (donde el propio Ministerio de Trabajo se muestra preocupado por la situación de los niños/as), en Tailandia e Indonesia. Niños y niñas que durante doce horas al día se encuentran en contacto con materiales plásticos inflamables, en ambientes sofocantes, sin casi comida y durmiendo en campamentos-guetos…En el año 1933, dos fabricas de juguetes ardieron en Tailandia y China. Hubo centenares de víctimas, entre ellas multitud de niños/as.”[7] Si no fuera por lo trágico del asunto, diríamos que tal parece un guión de Woody Allen. Por cierto, en México, no hace mucho también se dio un sonado caso en el estado de Guanajuato, de niños trabajando en una fábrica de Mattel, recibiendo salarios que difícilmente alcanzaban para comer y cubriendo jornadas de hasta 14 y dieciséis horas diarias, por supuesto, sin pago de tiempo extra.
   El humanista, democrático y liberal capitalismo, no tiene el menor reparo de conciencia para destruir sin miramientos, lo más preciado para la sociedad: sus niños.
   Al igual que su remoto antecedente, esto es, el liberalismo clásico, llamado justamente “capitalismo salvaje”, el neoliberalismo, al basarse en similares políticas y exigencias, produce los mismos desastrosos efectos en la clase obrera. No hay ciencia en ello, simplemente que la gallina siempre pone huevos.
   Pero la lucha no se reduce al debate ideológico. Los dirigentes burgueses saben perfectamente lo que quieren y lo que necesitan para conseguirlo. Ellos reclaman su derecho a la libre e impune explotación de los obreros, a adueñarse sin compensación alguna del tiempo excedente del proletariado, más les queda perfectamente clara la necesidad de eliminar los instrumentos de defensa con que cuentan los trabajadores. Por tal razón, la santa cruzada neoliberal enfila sus fuerzas a la eliminación de las organizaciones obreras, en especial los sindicatos, o, en el peor de los casos, dejarlos en un estado de postración tal que haga casi imposible el cumplimiento de sus objetivos.
   Para conseguir estas metas, la burguesía recurre a diversas tácticas. Promulga leyes restrictivas de las atribuciones de los sindicatos; lleva a cabo ignominiosas campañas propagandísticas presentando a las organizaciones laborales no como instrumentos de defensa de los obreros, sino como grupos mafiosos que sólo defraudan a sus agremiados y extorsionan a los empresarios, usando como ejemplos, sin deslinde alguno, a los sindicatos blancos creados por los burgueses, a fin de crear la desconfianza de los trabajadores en sus organizaciones de lucha; utiliza la fuerza de trabajo inmigrante, en particular la ilegal, para dividir a la clase obrera, minar la solidaridad entre los trabajadores, reducir los salarios y aniquilar las conquistas laborales, logradas a lo largo de una larga y sangrienta lucha; en las ramas estratégicas, emigran las empresas a zonas de baja influencia sindical, como la costa oeste de EE UU donde se asentó la industria de la computación (el célebre Silicon Valley) para impedir la organización de los asalariados, ó bien, se llevan las empresas al extranjero, donde la mano de obra es prácticamente regalada y los derechos laborales inexistentes; y cuando ninguna de esta medidas resulta, simplemente recurre a la fuerza pública bajo el pretexto de “proteger derechos de terceros”.
   Los resultados obtenidos por la burguesía no son malos para ella. La membresía de los sindicatos ha disminuido de forma importante, hay zonas, como el Medio Oriente, la India, Corea y la misma China, donde los sindicatos tienen una existencia puramente formal, pero son totalmente impotentes para defender a los trabajadores que los forman, y en América Latina cada vez gravitan menos en torno a las políticas salariales de sus respectivos países; los salarios se han reducido o, mínimamente, están estancados, que es una forma disimulada de reducirlos; las prestaciones fueron disminuidas, en muchos casos con el aval de las propias organizaciones sindicales y los fondos de pensión fueron a parar a las arcas de la oligarquía financiera que de pronto contó con enormes flujos de efectivo los cuales utiliza para doblegar a los mismos gobiernos burgueses; disponen, como hemos señalado más arriba, de un creciente ejército de reserva formado por los trabajadores inmigrantes, en particular de los ilegales; el aumento del trabajo infantil es escandaloso, e infame, al punto de que aun diversos gobiernos capitalistas protestan en contra de él; de igual modo, las jornadas de trabajo se vienen alargando a gusto de las patronales y se acentúa la desigualdad laboral entre hombres y mujeres, violentándose el principio de “a trabajo igual, salario igual”, con la introducción de la llamada polivalencia, así como la seguridad en el empleo; la seguridad e higiene en el trabajo se ha esfumado, y la frecuencia de accidentes de trabajo, así como la incidencia de enfermedades profesionales aumenta peligrosamente. En fin, las condiciones laborales empeoran, en la misma medida que el enriquecimiento de los patrones aumenta.
   Los obreros, encabezados por los sindicatos, han dado fuertes combates en contra de la política neoliberal, en algunos casos han logrado detener acciones encaminadas a despojarlos de derechos fundamentales. Sin embargo, también es real que no han podido adaptarse del todo a las nuevas circunstancias laborales.
   Por ejemplo: no se ha podido articular una acción unificada a nivel internacional, capaz de romper las barreras nacionales de que se valen las transnacionales para impedir el accionar unido de los trabajadores. Tampoco se ha diseñado una política obrera hacia los trabajadores inmigrantes, quienes pudiendo ser reservas de la clase obrera, se convierten en reservas de los empresarios que los usan para romper la unidad de los asalariados. Asimismo, al mantener una actitud apolítica de hecho se deja manos libres a los partidos burgueses, para que impulsen y aprueben legislaciones laborales totalmente adversas al proletariado. Se ha abandonado el trabajo sistemático de afiliación sindical, sobre todo entre los parados, y la actividad sindical se ha refugiado cada vez más en los problemas domésticos, desentendiéndose de los grandes problemas sociales. Otro punto dejado de lado, es el relativo a la necesidad de pugnar por construir un nuevo orden social, en el cual sean los intereses de los productores directos de las ciudades y el campo, los que orienten la producción y la distribución de la riqueza, y no los de una insignificante minoría insaciable que explota y oprime a toda la sociedad. No se ha planteado, ni puesto en práctica, de manera sostenida y sistemática, una contracampaña obrera tendiente a denunciar y exhibir cual es el verdadero fondo de la propaganda antisindical de la burguesía, etc.
   En síntesis, debemos dejar de considerar a los sindicatos sólo en su dimensión salarial. Son mucho más que eso. Los sindicatos responden a una necesidad concreta: enfrentar el poder burgués, que no cuenta sólo con su poder económico, sino además, con el poder estatal. Por eso, Marx decía:
   “...Los obreros se han convencido de que el único medio de hacer frente al poder exorbitante del capital reside en la cohesión de sus propias filas”.[8]
   Por eso, añade Marx en otra parte:
   “Las coaliciones y los sindicatos, que nacen de aquellas, tienen una importancia excepcional no sólo como medio de organización de la clase obrera para la lucha contra la burguesía. Su importancia en este aspecto viene confirmada, entre otras cosas, por el hecho de que hasta los obreros de los Estado Unidos, pese al derecho electoral y la república, no pueden prescindir de los sindicatos”[9]
   En efecto, la clase obrera requiere de sus organizaciones naturales de lucha, los sindicatos en particular. No sólo para gestionar mejores condiciones salariales y de trabajo, sino para oponerse al poder burgués y derrotarlo, esto es, en la lucha política. Al respecto, Marx indica:
   “Si los sindicatos son necesarios para la lucha de guerrillas entre el capital y el trabajo, son todavía más importantes como fuerza organizadora para acabar con el sistema mismo de trabajo asalariado y el poder del capital…
   “Independientemente de sus objetivos iniciales, ellos debe aprender ahora a actuar de modo consciente en calidad de centros organizadores de la clase obrera, planteándose la gran meta de la plena emancipación de ésta. Deben apoyar todo movimiento social y político que se realice en este sentido. Considerándose y actuando en la práctica como representantes de toda la clase obrera y luchadores avanzados por los intereses de ésta, tienen el deber de atraer también a sus filas a los obreros no organizados…”[10]
   Más claro, difícilmente podría expresarse.
   No quiero concluir sin referirme a un aspecto fundamental para el movimiento obrero. Hablo de la prensa y la propaganda propiamente obreras.
   Ese es otro aspecto dejado de lado por los trabajadores. Hoy, la prensa obrera es prácticamente inexistente, fuera de unos cuantos esfuerzos individuales sin conexión alguna entre sí. A pesar de que la radio va para un siglo de existir y la televisión casi 60 años, pocas son las estaciones de radio y tv organizadas y dirigidas por los sindicatos y las posibilidades abiertas a la comunicación por la nueva tecnología, están pasando frente a nosotros sin que hagamos nada para incorporarlas a nuestro arsenal propagandístico; dependemos en, este terreno, totalmente de la burguesía.
   Por ello, proponemos algunas acciones que consideramos mínimas e indispensables:
1)      Fortalecer la democracia interna de los sindicatos para hacer partícipe a las bases de los diversos problemas que enfrentan, y, en particular, que se involucren más en la dirección de sus organizaciones. Luchar por recuperar los sindicatos que estén en manos de dirigentes blancos.
2)      Organizar una campaña sostenida de recuperación de afiliados a las organizaciones sindicales.
3)      Oponer a la campaña de infundios de la burguesía, una contracampaña obrera, que debe comprender la prensa obrera, utilización de nuevas tecnologías de comunicación, asambleas en cada unidad laboral, etc.
4)      Incorporar a los sindicatos a la fuerza de trabajo inmigrante, procurar su defensa para convertirla de reserva del capital en reserva del proletariado.
5)      Establecer una política adecuada hacia los sectores de trabajadores no sindicalizados, destacando para ello activistas profesionales.
6)      Retornar a los principios del internacionalismo proletario.
7)      Formar sindicatos internacionales, a fin de que los trabajadores de una misma empresa que tenga empresas en distintos países, puedan negociar colectivamente con ella.
8)      Avanzar a la formación de sindicatos únicos (multiramas) que superen la división en ramas productivas, a fin de cohesionar la fuerza obrera y negociar en condiciones más ventajosas para los trabajadores.
9)      Asumir una participación más intensa en la vida política de los países a fin de impulsar la aprobación de leyes más ventajosas a los obreros, y por mejorar en lo posible las condiciones de vida sociales. No perder de vista que nuestro objetivo final es la desaparición de: el sistema de trabajo asalariado, el dominio del capital sobre el trabajo y la explotación del hombre por el hombre.
10)  Crear unidades productivas propias, en forma de cooperativas, tanto de producción como de consumo.
11)  Fortalecer las escuelas de formación política donde existan, y formarlas donde no haya.
   Estos son, a grandes rasgos, nuestros puntos de vista sobre la problemática sindical actual, los ponemos a consideración de los asistentes.

ORGANIZACIÓN POLITICA PROLETARIA.


[1]              Citado por Marx en: Historia Crítica de la Teoría de la Plusvalía. T. I, P.10, Ediciones Brumario, Buenos Aires, 1974.
[2]              Ibid P. 10
[3]              Trabajo Infantil. Monografía publicada en  www.monografias.com/trabajos/einfantil/einfantil.shtml

[4]              Niños que trabajan. Publicado por el INEGI en:   http://cuentame.inegi.gob.mx/poblacion/ninos.aspx?tema=P
[5]              Ibid nota 3
[6]              Ibid nota 3
[7]              Ibid nota 3
[8]Karl Marx. La cuestión de la guerra, en la recopilación: Marx, Engels, Lenin “Sobre el Comunismo Científico”. Edit. Progreso Moscú. 1980 P. 153         
[9]Carta de Marx a Engels del 18 de febrero de 1865. Recopilación citada, página citada.
[10] Kart Marx. Instrucción a los delegados al Comité Central provisional sobre problemas sueltos. Recopilación citada. P. 154

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