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Organización  Política  Proletaria OPP

26 dic. 2013

EDITORIAL



Lejos de aparecer como un acto de escrupulosa justicia que pretende garantizar el respeto a los derechos fundamentales de los mexicanos, las recientemente aprobadas modificaciones al Código Penal Federal, en materia de indulto, son palpable evidencia de la mísera ruindad en que se debaten las instituciones responsables de la procuración e impartición de justicia. Insultante resulta que los corifeos de consigna festinen que gracias a las enmiendas EPN podrá indultar al profesor Tzotzil Alberto Patishtán Gómez; quien, víctima de un proceso judicial inconsistente, viciado de origen, por más de doce años ha estado recluido en diversos penales del estado de Chiapas. Argumentar que aunque tarde se le hace justicia al profesor y se repara uno de los graves errores contemporáneos de la justicia mexicana, es cerrar los ojos a la realidad, es fomentar la venalidad de las diversas instancias judiciales, es transigir con la impúdica perversión de nuestras leyes. El cacareado indulto presidencial lejos de representar, cuando menos en este caso, la restauración del estado de derecho, pone al desnudo la desbordada corrupción que impera en nuestros órganos judiciales.

Sin duda alguna el caso Patishtán habrá de convertirse en una de las más emblemáticas demostraciones de la podredumbre de un sistema de justicia colapsado, puesto al servicio del mejor postor, utensilio de vendetas políticas y factoría de presuntos culpables. Una deplorable demostración de como se tuerce la ley para escarmentar a inocentes, encarcelar dirigentes incomodos y eliminar opositores al régimen, es la que presenciamos en la deleznable condena de Alberto Patishtán.  

Desde los agentes ministeriales, pasando por los ministerios públicos, por los integrantes de la judicatura, hasta llegar a los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, todos sin excepción alguna torcieron la ley al acatar la consigna de ensañarse con un ciudadano a todas luces inocente. Esta última, la SCJN, en su tiempo desestimó revisar el caso del profesor indígena tzotzil, por ello hablar de que se ejercerá justicia es un vulgar eufemismo. El indulto es un acto jurídico mediante el cual se perdona a quien por diversas causas trasgrede la ley, pero de ninguna forma presume inocencia. 

Si como todos afirman Patishtán es inocente, una víctima de la sevicia de los órganos procuradores e impartidores de justicia, por qué no se repone su juicio, se le declara inocente, como en realidad lo es, y se repara el daño. ¿De qué lo tienen que perdonar?



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