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16 dic. 2014

EL CRIMEN ORGANIZADO

El crimen organizado cada vez gana más terreno en América Latina. Tejiendo una red de poder entre mercados ilegales, colaboración del Estado y una violencia masiva, la mafia es considerada un negocio en expansión. La conclusión es del centro de investigación independiente internacional Woodrow Wilson Center, que divulgó un documento en el que  revela el funcionamiento de facciones delictivas en el continente. 

  En el libro "La rebelión de las redes criminales: el crimen organizado en América Latina y las fuerzas que lo modifican”, Juan Carlos Garzón Vergara, señala que las redes criminales se conforman como actores estratégicos relevantes en el hemisferio sur, reconfigurando así las fronteras territoriales, con un fuerte papel en la economía y penetrando en las estructuras políticas y sociales. La mafia pondría en jaque los avances en la construcción del Estado y el sistema democrático. La publicación se señala que esos grupos favorecerían la formación de mercados locales ilegales, factor común en América Latina, los que representan una serie de ventajas: permiten un flujo de caja constante de fácil acceso y la contratación de mano de obra local, son medios efectivos para el lavado de dinero y su interacción con la informalidad, potencia su infiltración en la economía legal.

  La motivación del crimen organizado es económica y no política, su objetivo no es tomar el poder sino usar el poder para el desarrollo de economías ilegales. La violencia, en este caso, es una herramienta de la mafia y no un fin en sí mismo. El crimen organizado no se basa en la simple confrontación con el Estado, sino que se estructura a partir de conexiones entre lo legal e ilegal, lo formal e informal, en un contexto de debilidad institucional y el deterioro de la legalidad. En los últimos años, las organizaciones criminales han modificado sus estrategias por cuatro motivos. 1] El vacío de poder resultante de la implosión de estructuras criminales y la acción del Estado contra esos grupos; 2] La disponibilidad de redes clandestinas con vasta experiencia en el tráfico de bienes y de servicios ilegales; 3] La consolidación de mercados locales emergentes ilegales, con una oferta creciente y una demanda constante de productos y servicios ilegales, y 4] La ofensiva estatal en medio de la fragilidad institucional y las redes clandestinas enfrentadas al Poder Institucional. Las embestidas del Estado para desarticular a organizaciones criminales favorecen la competitividad interna de los grupos, que se renuevan y crean nuevas formas de operar. 
"La ofensiva estatal no necesariamente produce una desbandada de delincuentes que optan por abandonar las actividades ilegales, ello, más bien, les representa la oportunidad para renovar sus estructuras y facilitar la emergencia de facciones ilegales que se mantenían subordinadas”. 

  El estudio concluye: “Ante la debilidad institucional, por su presencia irregular en el territorio y su cooptación por la mafia (la llamada "falencia del Estado”), las facciones criminales podrían obligar al Estado a hacer concesiones a esa red de relaciones”. ¿O no?

Fuente: Adital

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