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Organización  Política  Proletaria OPP

28 abr. 2012

A los trabajadores





A los trabajadores

Camaradas:

Deseamos que los trabajos de este Foro de la Federación de Trabajadores del Distrito Federal sean fructíferos y alcancen los consensos adecuados para catapultar al movimiento obrero mexicano, especialmente en estos momentos definitorios que vive el proletariado en los cinco continentes. A nivel mundial la burguesía ha desatado una feroz ofensiva político-económica de enormes proporciones, cuya finalidad es suprimir las conquistas laborales que los trabajadores obtuvieron tras décadas de lucha. En la mayoría de países del orbe, los gobiernos neoliberales promulgan leyes que descargan sobre los hombros de los trabajadores, el pesado fardo de una crisis económica, política y social originada por la voracidad de una clase dominante parasitaria.

El avance de las contrarreformas burguesas obedece, entre otras causas, a la debilidad, aislamiento y dispersión del movimiento obrero. Aunque en países de Europa, América y USA existen grandes y fuertes centrales obreras capaces de paralizar la actividad económica, sus posibilidades de resistencia ante la embestida burguesa se ven disminuidas por la falta de consenso y apoyo del resto de la población, ello sin considerar los grandes diferendos incubados entre los gremios sindicales.

En México el proletariado se encuentra en reflujo, sin lograr establecer bases mínimas para alcanzar su unidad de clase y ser actor fundamental en las distintas luchas económicas, políticas y sociales que se libran a lo largo y ancho del país. El movimiento sindicalista se halla inmerso en un ya largo período de transición donde no termina de adaptarse a la reorganización mundial del trabajo, pues el cambio en el modelo de acumulación capitalista desecha por costosas y obsoletas las formas tradicionales de control político sobre las fuerzas productivas e impone la adopción de nuevos mecanismos para operar los factores fundamentales de la producción capitalista.

Reducidos a una lucha gremialista y economicista, los sindicatos se encuentran a la defensiva ante la escalada patronal y gubernamental que se expresa en un agresivo y continuado embate por reformar la Ley Federal del Trabajo (LFT); reforma que contempla impedir la participación sindical en la creación y asignación de nuevas plazas laborales, desaparecer los contratos colectivos de trabajo, eliminar la jornada laboral de ocho horas para suplirla por la jornada-hora; así como eliminar en la práctica uno de los instrumentos fundamentales de la lucha obrera: el derecho a huelga, al someter éste al “beneplácito” de la patronal. El objetivo de la reforma laboral panista-priista, es desaparecer a los sindicatos como instrumentos de organización y defensa de los intereses fundamentales de los trabajadores, para asegurarle a los empresarios una mano de obra indefensa que pueda sobre-explotar con libertad incrementándole las cargas y ritmos de trabajo, y reponerse así de la disminución en sus tasas de ganancia originada por la crisis económica mundial. Se pretende que lo ilegal se torne legal, como la supresión de la seguridad social mediante la utilización del “Outsourcing”; instrumento creado para mercadear la fuerza de trabajo, equiparable a la trata de esclavos.

La embestida de la burguesía mexicana y sus patrones imperiales para promulgar una ley laboral fascistoide cuenta con la promoción desenfrenada de los incondicionales “analistas de consigna” encargados de justificar la avaricia de la clase dominante, además de allegarse la abyecta colaboración de sempiternos líderes sindicales charros de la CTM, CT y demás centrales obreras traidoras a la clase obrera. Situación que pone a la orden del día el tema de la lucha de clases, aunque eso resulte molesto a quienes consideran a la política como un “asunto de modas”. Sin embargo, para pesar de muchos, Warren Buffet, uno de los ricos más súper ricos de EEUU y del mundo, en una de sus declaraciones más controvertidas indicó, para desconsuelo de quienes afirman que ya no hay clases sociales en USA y por lo tanto asumen que el concepto de lucha de clases resulta anticuado e irrelevante, que la realidad es que sí existen las clases sociales y que además hay una encarnizada lucha entre ellas, en la que su clase –los superricos– gana cada día más a costa de los intereses de la mayoría de la población que consigue sus rentas a partir del trabajo en lugar del capital. Y si eso ocurre en los Estados Unidos de Norteamérica, por extensión sucede en casi todas las naciones del planeta.
No resulta desconocido que el sector productivo es vital para la supervivencia y supremacía burguesa, por ello si alguna clase o sector de clase está sometido a su dictadura omnímoda, esa es precisamente la clase obrera. La burguesía puede tolerar, hasta cierto punto, movimientos políticos o sociales en cualquier sector de la sociedad, pero nunca en el ámbito de la producción. Para ella, aunque lo niegue públicamente, todavía son vigentes los conceptos marxistas fundamentales de la lucha de clases y desde esa perspectiva tiene muy claro que la única clase social que puede arrebatarle el poder y destruirla, es la clase obrera. Por ello pone especial énfasis en mantenerla sometida y enajenada. Así la centenaria afirmación de Carlos Marx y Federico Engels, que señala: “la clase obrera es la más revolucionaria de todas las clases sociales, porque de su liberación depende la liberación de todas las clases sociales explotadas y oprimidas por el gran capital”, continua vigente.

Pese a sus complicadas condiciones de vida, los trabajadores mexicanos constantemente dan muestras de su decisión de lucha para transformar la realidad que viven. Muestra de ello son las heroicas luchas de resistencia protagonizadas por mineros, electricistas, trabajadores al servicio de los gobiernos estatales y federal, universitarios, aviación y de diversas empresas del sector privado. Pero que penosamente, en su mayoría transcurren de manera aislada, inconexas entre ellas y con otras luchas.

Por lo reseñado, a la clase obrera y los trabajadores mexicanos en general, les aguardan tareas que ya no deben postergarse: alcanzar su unidad de clase, romper el aislamiento de sus luchas y la creación de un amplio frente obrero-campesino-popular son fundamentales. En lo inmediato se requiere fortalecer a las organizaciones sindicales independientes para la defensa de la clase y sus conquistas laborales. Además, los tiempos políticos les exigen realizar acciones que posibiliten construir un Frente Nacional de Organizaciones Laborales capaz de presentar férrea oposición al capital, a los neoliberales y las centrales obreras integradas al Congreso del Trabajo y demás centrales espurias, cúpulas obreras corporativas al servicio absoluto del capital; todo ello como acciones coadyuvantes en la formación de una nueva Central Proletaria.

De igual manera, deben convocar a la creación del Frente Nacional en Defensa de la Patria, donde se incluya, además de los múltiples sectores organizados de la sociedad, a todos aquellos mexicanos honestos que hoy carecen de una trinchera para defender nuestra soberanía e impulsar desde ella la reconstrucción de nuestro país, él cual hoy más que nunca se encuentra al borde del colapso total.

¡Viva la lucha de los trabajadores mexicanos!

¡Proletarios de todos los países uníos!





                                                                                                                                                                        


Ciudad de México, a 27 de abril de 2011




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