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Organización  Política  Proletaria OPP

16 dic. 2014

EDITORIAL


La conmemoración por el 43 aniversario de los sangrientos sucesos del 10 de junio de 1971 deja importantes lecciones que se deben aquilatar adecuadamente.

En primer lugar señalaremos que la forma como se preparó el evento y lo acuerdos alcanzados entre los distintos sectores participantes, son ejemplo de que es posible marchar unidos en tareas específicas.

La coordinación y respeto por lo acordado durante el recorrido de la marcha, evidenciaron la voluntad de llevar acabo un acto unitario que siente bases para futuras acciones coordinadas.

Entre lo más destacable del evento debe resaltarse un hecho: Los contingentes que marcharon del metro normal a la plancha del zócalo capitalino eran en su mayoría de organizaciones urbano-populares, sindicales, SME, CNTE, AGT, UGTM; destacándose, además, la presencia de organizaciones políticas como el PCM-ML, la UPVA-28 de Octubre, y la emblemática representación del Comité del ’68, todos en decidido apoyo al movimiento estudiantil.  

Si bien es cierto que a la altura del Hemiciclo a Juárez, en la Alameda Central, grupos de supuestos “anarquistas” agredieron físicamente a los periodistas que cubrían el evento, también es cierto que cuando estos, los supuestos “anarcos”, ingresaron a la calle de 5 de Mayo fueron sometidos por las organizaciones integrantes del contingente conmemorativo, conteniéndose de tal forma cualquier otro brote de violencia irracional.

En la marcha del 10 de junio se demostraron contundentes hechos:

 1] Se logró arrancarle al porrismo tan valiosa conmemoración, devolviéndole su significado histórico;

 2] Se rescató un acto que le pertenece al estudiantado y al pueblo mexicano, y que el Estado burgués, a través de sus golpeadores, les había arrebatado; y
  
3] Por la vía de los hechos se manifestó que la reclamada unidad obrero-popular-estudiantil es posible.

FRATERNALMENTE


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