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Organización  Política  Proletaria OPP

3 jun. 2015

POSICIÓN DEL MOVIMIENTO AMPLIO DE ORGANIZACIONES SOCIALES (MAOS) ANTE LA FARSA ELECTORAL

POSICIÓN DEL MOVIMIENTO AMPLIO DE ORGANIZACIONES SOCIALES (MAOS)
ANTE LA FARSA ELECTORAL

Organizar el boicot de las elecciones 
Promover la organización popular



El próximo 7 de junio se realizarán las elecciones para renovar varios de los organismos de mediación, control y dominación del Estado al servicio del capital: presidencias municipales, legislaturas locales y federales y nueve gubernaturas. No obstante, no se trata de una elección como cualquier otra. Estas elecciones adquieren un significado muy especial por el contexto nacional e internacional presente. 

En el contexto nacional sobresalen los siguientes hechos escalofriantes: 1) la profundización de la crisis estructural del capitalismo subordinado, especialmente al imperialismo yanqui (estancamiento económico, disminución del precio del petróleo, devaluación del peso, fuga de capitales, disminución del gasto público y social, incremento de impuestos, cierre de negocios, dependencia alimentaria, desempleo, bajos salarios, concentración de la riqueza en unas cuantas manos, mayor pobreza, depredación del medio ambiente, injerencia desbordada de gobierno norteamericano en los asuntos nacionales); 2) la existencia de un presidente de la República ilegítimo producto de un megafraude electoral a través del gasto de campaña por encima de los topes establecidos por el IFE y la compra masiva de votos con dinero de origen cuestionable; 3) los diversos actos de corrupción de los más altos representantes del gobierno, desde el jefe del poder Ejecutivo Federal hasta sus principales secretarios de estado (compra de propiedades, donde destacan los casos de la Casa Blanca, la casa de Malinalco y la casa de Las Lomas); 4) las masacres impunes de Tlatlaya, Ayotzinapa y Apatzingán en las cuales participaron el Ejército, la Policía Federal Preventiva, las policías locales y las autoridades de alto rango (gobernadores, procuradores, comisionados especiales) y donde se violaron los derechos humanos y las garantías constitucionales; 5) la guerra contra la mayoría popular mediante la imposición del modelo neoliberal (las reformas estructurales de Peña Nieto, en especial la reforma energética y la reforma educativa), la criminalización de la lucha social y la militarización de extensas regiones del territorio nacional; 6) la continuación de la llamada "guerra contra el crimen organizado" entre el gobierno y los grupos de narcotraficantes con un saldo de 150 mil muertos y miles de desaparecidos, imponiendo además angustia, inseguridad, impunidad, violencia y terror por todo el país. 

En el contexto internacional predominan los siguientes hechos extraordinarios que, de uno u otro modo, repercuten en la realidad nacional: 1) la prolongación de la crisis estructural del sistema capitalista globalizado (económica, política, cultural, ideológica, ambiental, alimentaria, sanitaria); 2 la presencia de varios conflictos militares interimperialistas (Siria, Irak, Afganistán, Ucrania, Palestina, Yemen); 3) la emergencia de China como nueva potencia imperialista; 4) la aparición de nuevos movimientos sociales contra las salvajes políticas neoliberales: Ocupa Wall Street (EU), Syriza (Grecia), 15 de Mayo y Podemos (España), entre otros muchos; 5) la revolución democrática popular en la India dirigida por el Partido Comunista (Maoísta) siguiendo la estrategia de guerra popular del campo a la ciudad; 6) las masivas y violentas protestas contra la brutalidad policíaca en Estados Unidos, en particular por el creciente número de asesinatos sin castigo de afroestadunidenses y latinos; 7) el surgimiento de organizaciones ecologistas radicales (rojos y verdes) para denunciar y combatir el cambio climático producido por el desarrollo del sistema capitalista y convertido en una crisis existencial para la especie humana. 
En esta coyuntura electoral el Movimiento Amplio de Organizaciones Sociales (MAOS) propone dos medidas tácticas para encausar la lucha social hacia objetivos que, por principio, contemplen la coyuntura electoral y, al mismo tiempo, vayan más allá de ésta: la primera, boicotear las elecciones, y la segunda, formar un amplio movimiento social para movilizar a las masas contra el gobierno espurio de Peña Nieto y el sistema capitalista (hoy con rostro neoliberal); en el que prevalece una supeditación de la primera medida a la segunda.

La primera medida táctica: boicotear de modo organizado y activo las elecciones. Los partidos políticos (PRI, PAN, PRD, PVEM, PT, MC, MORENA y todos los demás) y sus candidatos están estrechamente vinculados con los intereses de la oligarquía dominante y algunas fracciones de la pequeña burguesía acomodaticia. Los involucrados en la contienda electoral no tienen, por consiguiente, el compromiso de resolver las preocupaciones más urgentes de la inmensa mayoría popular. Votar por cualquiera de ellos es votar por más de lo mismo pero peor: más antidemocracia, más reformas estructurales, más desigualdad, más explotación, más desempleo, más corrupción, más inseguridad, más intervención del imperialismo yanqui en los asuntos nacionales.

El espantoso comportamiento de los partidos con registro genera su desprestigio y alejamiento de los electores, por ejemplo sus prácticas autoritarias, antidemocráticas, corruptas, clientelares, corporativas, así como el funesto ejercicio del poder, sus relaciones con el "crimen organizado" y sus constantes pugnas y divisiones impulsadas por motivos personales o de grupo. Además, los candidatos brincan de un partido a otro sin ningún pudor. Hoy son del PRI, mañana del PAN y pasado mañana del PRD, y todos los cambios posibles. No hay militancia comprometida con prácticas y principios ideológicos y políticos, ni con normas de conducta éticas. Hay negocios, muchos negocios. Lo importante es llegar al puesto "haiga sido como haiga sido" (palabras de Felipe Calderón) e iniciar o proseguir (según sea el caso) su ascendente carrera política con altos ingresos, prebendas, operaciones lícitas e ilícitas y fuero constitucional para seguir delinquiendo. La mayoría de los candidatos son personajes literalmente impresentables y pésimos políticos, también son familiares de políticos, dirigentes de partidos, amigos del amigo, artistas, deportistas y hasta secretarios y choferes de jefes de partidos.
Las campañas electorales son un insulto a la inteligencia. Los candidatos no saben qué hacer durante el tiempo de campaña, hacen puros actos triviales con animadores, porras, globos y música. No presentan, ni por equivocación, programas de gobierno o compromisos reales con el electorado. Tampoco hay debates políticos entre candidatos. En cambio, hay mucha propaganda superficial, tramposa y destinada a mentir con tal de conseguir votos. 

Al mismo tiempo, las campañas son una arena de box, lucha libre y muerte. En esta competencia política están a la orden del día los ataques verbales entre candidatos; las amenazas del "crimen organizado" a candidatos; las intimidaciones por parte de la Policía Federal y el ejército contra militantes de partidos; la destrucción de transportes y propaganda electoral; las agresiones entre candidatos y grupos de choque bajo sus órdenes; las disputas por postes, bardas y cerros para colocar propaganda; los secuestros y asesinatos de candidatos. Todos los días se cometen un sinnúmero de "delitos electorales", a pesar de los "Pactos de Civilidad" suscritos por los líderes de los partidos políticos.

Por último, las campañas son un derroche de recursos del pueblo. Los partidos reciben de parte de la autoridad electoral millones de pesos para pagar las campañas(recursos de los contribuyentes), más millones de pesos de simpatizantes y millones de pesos del "crimen organizado". Luego se suman las enormes cantidades de los programas sociales gubernamentales. Sin embargo, se trata de una competencia profundamente dispareja porque no todos los partido reciben las mismas cantidades de recursos financieros (el PRI está muy por encima de todos). Y, además, las instituciones electorales desempeñan su labor en beneficio del partido gobernante (PRI y su aliado incondicional PVEM). Estos hechos demuestran la desigualdad en la competencia desbocada por los votos: es una disputa irremisiblemente viciada de origen, y sus resultados son más que predecibles. El dispendio de recursos económicos en los comicios se hace en medio de un recorte permanente del gasto social, es decir, el gobierno no tiene dinero para la educación, la salud, los servicios públicos, las pensiones, las obras de infraestructura y, por consiguiente, la pobreza se extiende por todos lados. Para empeorar aún más esta situación, los gobernadores suspenden temporalmente los programas sociales dizque para no enturbiar los comicios. El neoliberalismo ha creado las elecciones del hambre (le llaman en lenguaje elegante "democracia" o, peor aún, "incipiente democracia"). Por esta razón, mucha gente está dispuesta a vender su voto al mejor postor a cambio de programas oficiales, dinero, monederos electrónicos, boletos para ir al cine, playeras, despensas, materiales de construcción, bicicletas, televisiones, mochilas y un largo etcétera. Por esta razón, los millones de "miserables" quieren elecciones todos los años, sin importar quienes ganen y que negocios hagan desde el puesto político. ¡Quieren las migajas del pastel electoral para sobrevivir!

Las elecciones fueron pervertidas por los capitalistas, los gobiernos, los partidos políticos, los candidatos, las instituciones y todos los que intervienen en ellas. Esta perversión política es parte fundamental del modelo neoliberal, donde todo se vende y se compra incluyendo la política y los políticos. Es, a fin de cuentas, la forma neoliberal de hacer y entender la política. Por ello, desde hace mucho tiempo el sufragio universal, libre, secreto y directo desapareció de nuestro sistema político autoritario. 
Las reformas estructurales de corte neoliberal convirtieron las elecciones en una gigantesca pantomima. Esto no quiere decir, de ninguna manera, que antes hubieran existido elecciones creíbles y democráticas, pero nunca habían alcanzado estos niveles de perversión política.

Por todas estas razones, hacemos un llamado al pueblo para boicotear las elecciones a nivel nacional recurriendo para ello a diversos métodos, por ejemplo hacer pláticas y conferencias sobre el significado de las elecciones en un sistema capitalista, realizar marchas y mítines antes y durante las elecciones contra las reformas estructurales y la forma neoliberal de hacer política, distribuir propaganda contra la farsa electoral, invitar a la gente a no votar, denunciar la represión y la criminalización de la lucha social, apoyar las luchas de resistencia, aclarar la relación entre las luchas locales y nacionales e internacionales, anular las elecciones y tomar sedes de los poderes locales donde haya condiciones, construir órganos de democracia popular de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, utilizar la coyuntura electoral para educar y organizar al pueblo trabajador, organizar elecciones paralelas con candidatos populares, defender la política como práctica social al servicio desinteresado del pueblo, crear opinión pública a favor del cambio profundo de sistema social. Hay, pues, infinidad de actividades para desplegar como parte del boicot organizado y activo de las elecciones en las comunidades, municipios y estados. 

La vía electoral está negada al pueblo en general y a los trabajadores en particular para lograr un cambio sustancial en sus condiciones de vida y, con mucha mayor razón, para acceder al poder político. Nunca las elecciones sirvieron (ni servirán) para liberar a las masas trabajadoras de sus explotadores. Pero tampoco se trata de impedir el uso de las urnas por medio de la violencia, porque todavía hay sectores populares interesados en utilizar las elecciones con el objeto de conseguir una modificación efectiva a su favor e incluso para protestar mediante el voto en blanco, o anular el voto o poner leyendas en la boleta. Ante esta realidad, tenemos la obligación de convencer a estos grupos y a la mayoría del pueblo de nuestra posición crítica y no utilizar la coacción y la violencia contra ellos. Los golpes jamás convencen a nadie y, en cambio, sí hacen mucho daño al movimiento popular.

Participar en la farsa electoral significa avalar un presidente espurio al servicio del gran capital nacional e imperialista, avalar las reformas estructurales, avalar la represión del Estado, avalar la injusticia, avalar la corrupción, avalar la entrega de nuestro país al imperio del Norte, significa, en fin, avalar el desbarajuste nacional provocado por los gobernantes sin importar los colores de su partido. 

Segunda medida táctica. Formar un amplio movimiento social para la lucha. El boicot a las elecciones debe orientarse principalmente hacia la construcción de un movimiento popular contra el sistema capitalista y su actual rostro neoliberal. La lucha tiene que dirigirse también hacia la conquista del poder político para instaurar una nueva sociedad: la sociedad democrática popular con dirección al socialismo y al comunismo.

El frente nacional debe ser amplio, plural, combativo, democrático y de masas pero, sobre todo, con una clara y definida posición clasista proletaria. Por consiguiente, no se trata de alcanzar la unidad por la unidad misma, o sea, una unidad sin principios políticos e ideológicos claros y preciso. No se trata, insistimos, de reeditar la vieja experiencia de "unidad a toda costa". 

El frente nacional debe unificar todas las causas y movimientos dispares y dispersos, por esta razón, debe estar integrado por obreros, jornaleros agrícolas, trabajadores de los servicios, campesinos, indígenas, intelectuales, ecologistas, maestros, estudiantes, desempleados, migrantes, vendedores ambulantes, colonos, pequeños y medianos propietarios, lesbianas, homosexuales, jóvenes, etcétera. En otras palabras, en el frente deben militar las organizaciones, grupos sociales y personalidades e individuos sin organización que estén dispuestos a luchar por el rescate de la patria, así como a respetar y cumplir su declaración de principios, su táctica y estrategia y su programa de lucha producto de una profunda discusión y aprobados en forma democrática. 

En este frente nacional no podrán participar los partidos políticos con registro (o aquellos que lo pierdan en el proceso electoral) por ser instituciones al servicio del Estado militar-policiaco, por estar al servicio de gran capital nacional e internacional y por ser enemigos de las amplias masas populares.

Luego de tres décadas de fracasadas políticas neoliberales es ya demasiado evidente para la mayor parte de la población la catástrofe provocada a su paso, siendo ésta la principal razón para que hoy las calles y plazas públicas estén llenas de protestas. La indignación masiva contra la desregulación económica (y política), la flexibilización laboral, la austeridad, la desigualdad, la corrupción, la impunidad, la inseguridad; forma parte de una ofensiva contra el capitalismo neoliberal. Sin embargo, se trata de una ofensiva desorganizada, espontánea, desarticulada y sin brújula política e ideológica, por eso acaba siendo sofocada con demasiada rapidez —ya sea mediante la negociación interminable, la división, la represión y/o la corrupción política—. Mientras tanto, las instituciones del enemigo, o sea, de los capitalistas y su gobierno se reestructuran bajo formas aún más aterradoras y peligrosas. Reiteramos: el modelo de acumulación de capital basado en la libertad de los mercados (neoliberalismo) es la guerra de la minoría burguesa contra la inmensa mayoría del pueblo.

Este momento complejo, no obstante, resulta ser el más adecuado para promover un viraje en seco y rápido de la sociedad. Se necesita una respuesta enérgica contra el capitalismo del desastre y construir un proyecto trasformador. Este proyecto social debe contemplar básicamente una nueva economía, una nueva política, nuevas relaciones de producción, una nueva relación con el medio ambiente basadas en la democracia popular con dirección proletaria. Implica, por lo tanto, luchar por el poder del Estado, la independencia nacional, la tierra, el agua, los bosques, la soberanía alimentaria, los derechos de los trabajadores, los derechos de los indígenas, los derechos humanos y por la dignidad de todas las personas. 

Para avanzar con pasos firmes en esta dirección, insistimos, es prioritario formar un movimiento de masas capaz de enfrentar las fuerzas del gran capital y su Estado y, por supuesto, tener posibilidades reales de triunfo. Ya basta de celebrar las derrotas como victorias. Urge proceder a reinventar formas nuevas de organización y estructuras de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. Por ello, es obligatorio evaluar de manera objetiva los últimos años de resistencias popular, donde nuestras tradicionales organizaciones y sus tácticas y estrategias han dejado mucho que desear, para decirlo con palabras suaves. Si no somos capaces de arrancar con una crítica y autocrítica de nuestro proceder no vamos a llegar demasiado lejos. Sobre todo, ahora que se necesita construir herramientas de lucha para pasar a la ofensiva y no para quedarse en la sobrevivencia (resistencia). 

El nuevo frente nacional debe inscribirse en esta dirección. Por lo tanto, no podemos darnos el lujo de erigir el culto fetichista a la dirección de iluminados, pero tampoco podemos erigir el culto fetichista a la ausencia de estructuras y de centralismo democrático. Ni tampoco podemos darnos el lujo de erigir el culto fetichista a la construcción sólo desde abajo. Propuestas de esta naturaleza, más que facilitar, obstruyen el avance consecuente hacia nuevas formas de organización de la lucha popular. 


¡Libertad a los presos políticos!
¡Contra la criminalización de la lucha social!
¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!
¡Luchar por las demandas inmediatas en función del poder!
¡Por un gobierno democrático popular!



Movimiento Amplio de Organizaciones Sociales
(MAOS)





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