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Organización  Política  Proletaria OPP

18 feb. 2012

MÁS ALLÁ DEL DESAFUERO


MÁS ALLÁ DEL DESAFUERO



   El 24 de abril finalizó una etapa de lucha. Ese día, un millón doscientas mil personas salieron a las calles a darle la puntilla al intento foxista por dejar fuera de la contienda electoral del 2006 a Andrés Manuel López Obrador. Esa grandiosa movilización fue el remate de una lucha constante en contra de las pretensiones autoritarias del gobierno federal, en complicidad con el PRI, mismas que, tras múltiples acciones populares se había ya, de hecho, derrumbado.

   La lucha dada a lo largo de los recientemente pasados once meses, no tenía únicamente como eje rector, la defensa del jefe de gobierno del D.F. Se trataba, como en su momento lo señaló claramente el E.Z.L.N. por voz del Subcomante Marcos, de defender los derechos de cualquier ciudadano, cuando son atropellados por el Estado. Tampoco era el caso, como afirmaron muchos, de que el ataque enfrentado por “El Peje” haya sido tan sólo por encabezar las encuestas de preferencia electoral rumbo al 2006. En realidad la campaña foxista obedeció, precisamente, y como el propio López Obrador ha puesto de relieve, a que las preferencias electorales favorables a este último, se deben a la aplicación de un programa de gobierno que toma en cuenta las necesidades más urgentes de los sectores mayormente desprotegidos y vulnerables de la población, pues si su programa fuese favorable a los intereses del grupo dominante en México, de seguro no se le hubiera perseguido con tal saña, como sucedió con Vicente Fox, quien en la campaña electoral del 2000 punteó en las encuestas desde antes de iniciarse el proceso electoral y no fue molestado para nada, a pesar de los cuantiosos recursos ilegales invertidos en su campaña.

   El empecinamiento en la persecución al mandatario capitalino, es consecuencia de que el sector burgués dominante en México, a contrapelo de la tendencia mundial orientada al abandono del neoliberalismo como sistema económico dado su evidente fracaso, no digamos para acabar con la miseria de las grandes masas de la población del planeta, sino, incluso, resolver los más apremiantes problemas de los propios capitalistas, se empeña en mantener este régimen que sólo ha conducido a una monstruosa concentración del capital en manos de dicho sector oligárquico, llevando a la ruina a la inmensa mayoría de la ciudadanía, incluidos decenas de miles de empresarios quebrados por los neoliberales.

   La soberbia que afecta a los neoliberales, hace, como sucede con los déspotas de todas las épocas, que pierdan la memoria histórica y olviden que la barbarie del capitalismo salvaje de sus tatarabuelos ideológicos, desde hace ya 200 años sólo condujo a grandiosas insurrecciones obreras, a la formación de la Comuna de París y de la Unión Soviética, ensayos que si bien fallaron, sirven al proletariado para acumular experiencia aplicable a nuevos y mas profundos intentos de construir una sociedad justa, libre de explotación y de miseria. Sobre todo se les olvida que “donde hay opresión hay resistencia y mientras mayor sea la opresión mayor será la resistencia”. Desdeñan, incluso, su propia historia y no recuerdan ya cómo a fines del siglo XVIII, las exacciones de los señores feudales en contra de todo el pueblo, cuyo remate fue un aumento desmedido en el precio del pan llevaron a Francia, revolucionaria y enardecida, a decapitar a su monarca; mientras que en México se corrió a tiros al viejo dictador Díaz sostén durante 30 años, de un régimen de semiesclavitud y tiranía como no ha padecido otro nuestra patria.

   Por lo pronto, tras esta prolongada confrontación, ya rodaron algunas cabezas: salieron Rafael Macedo de la Concha y Francisco Vega Memije de la PGR, y se rumora insistentemente acerca de la salida de Santiago Creel de la Secretaría de Gobernación para “dedicarse a su campaña” por la candidatura del PAN a la presidencia. Vicente Fox, por su lado, hubo de recular ordenando a Daniel Cabeza de Vaca, su nuevo procurador de justicia, una virtual amnistía para López Obrador, reconociendo de facto su derrota.

   El PRI, con toda certeza, fue el gran perdedor en esta contienda. Este partido esperaba, como gráficamente le hiciera notar Denise Merker en su programa a Manlio Fabio Beltrones, llegar a la presidencia “nadando de a muertito”. La dirigencia priísta durante todo este período aparentó estar al margen del pleito, incluso, legisladores y dirigentes del tricolor se dieron el lujo de pontificar a Fox y López Obrador conminándolos a dejar las disputas y ponerse a trabajar “en bien del país”. Más aun, tanto Emilio Chiaufet como Carlos Madrazo declararon una y otra vez que “no hay línea en el caso del desafuero”, además el propio Madrazo proclamaba a los cuatro vientos cada vez que podía que le gustaría ver al jefe de gobierno del DF, en las boletas electorales en el 2006 para ganarle nuevamente, todo dicho en un tono supuestamente moderado, con la obvia intención de presentarse como el partido de la sensatez y la tolerancia en contraste con los rijosos del PAN y el PRD. Sin embargo, a las medidas de Fox en torno al desafuero, el PRI no supo sino responder con una rabieta monumental que, en lugar de intimidar al gobierno federal, sólo los exhibió como los embusteros y tramposos que son: con la decisión presidencial no sólo han pasado a un casi anonimato; se han marginado de ser elemento decisivo en la resolución del conflicto cuando, por un error de cálculo político, optaron por respaldar a Fox en el desafuero, reforzando la percepción de la gente en el sentido de que existía un acuerdo PRI - PAN para sacar de la jugada a López Obrador. Con ese proceder, el PRI dejó pasar la oportunidad de consolidarse como el fiel de la balanza política mexicana, y aparecer, entonces sí, no nada más como un partido magnánimo y tolerante, sino, incluso, como único garante de la estabilidad social con el correspondiente incremento de su capital político.

   En esta etapa, sin duda, Andrés Manuel López Obrador tuvo la capacidad suficiente para aglutinar la inconformidad popular a su rededor y poner poco a poco en movimiento a una sociedad cada vez más harta de los desmanes y excesos neoliberales, ya sea que los cometa el PRI ó el PAN, sentando las bases de lo que se perfila ya como una vasta alianza de clases, a la cual llamó explícitamente en su mensaje del 21 de marzo en el Auditorio Nacional.
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    Se destaca en ese sentido el grado de unidad del movimiento por él logrado, y muy especialmente, el haber podido meter al orden al propio P.R.D. con todo y tribus (esto, por cierto,  no excluye conflictos entre ellas, sin embargo esos conflictos están subordinados al objetivo principal de llevar al jefe de gobierno del DF a la presidencia), y si antes se afirmaba que López Obrador venía avanzando a pesar de su partido, hoy vemos a los del Sol Azteca marchar a los ritmos impuestos por “El Peje”, y a corrientes que al inicio de la gestión de López Obrador pretendían imponer condiciones y aún chantajear al entonces recién electo jefe de gobierno, hoy apenas si se atreven a esbozar tímidas protestas porque, según ellos, no los toma en cuenta, y a solicitar, con una humildad de la que antes carecían, ser atendidos por él.

   La principal herramienta utilizada por él han sido las denominadas “Redes Ciudadanas”, formadas por militantes y no militantes del PRD, y que representan una verdadera estructura autónoma con la cual puede, de ser necesario, prescindir del partido. Estas redes se orientan por su programa, al que llama “Proyecto Alternativo de Nación”. Dicho programa no es, ni con mucho, un programa revolucionario, mas bien se trata de una reorientación del capitalismo, pero que hace planteamientos importantes a favor del pueblo, sobre todo el de que el Estado retome su función de ser el principal generador de soluciones a los más graves problemas económicos y sociales del país (reminiscencias, sin duda, de los años del capitalismo de estado) proponiendo medidas que han sido calurosamente acogidas por la población, como son, entre muchas otras, la ayuda a los ancianos, y en general a los grupos de mayor debilidad económica y social; el subsidio a los pasajes del transporte operado por el gobierno, la construcción de nuevas escuelas de niveles medio y superior en las zonas cuyos niveles de pobreza son superiores, poner la cultura al alcance de crecientes sectores de la sociedad, impulsar la obra pública tan descuidada por el gobierno federal, diseñar esquemas efectivos de financiamiento a las empresas productivas, señaladamente a las PYMES, etc.

   No busca, entonces, transformar al capitalismo, sino conservarlo eliminando sus aristas más agudas, abriendo válvulas de escape e impedir un estallido social. No en vano muchos empresarios han manifestado abiertamente sus simpatías por el jefe de gobierno del DF, en particular aquellos que vienen siendo desplazados por la oligarquía financiera dominante. Existe, incluso, aceptación de medios periodísticos extranjeros tan conservadores como el Washington Post o el Wall Street Journal, quienes han criticado duramente al gobierno de Fox por el asunto del desafuero. El propio gobierno de EU, por intermedio de Condolezza Rice, ha salido a señalar su aceptación de un posible triunfo de “El Peje”, diciendo que estaría dispuesto a trabajar con un gobierno de “izquierda”, pues les queda perfectamente claro que una victoria de éste, no significa de ninguna manera la llegada al poder de la izquierda, al menos no llegaría esa izquierda plebeya que exigiría cambios profundos al sistema a favor de las clases trabajadoras.

   Estas simpatías empresariales por AMLO, tiene, por supuesto su lógica, visto desde el punto de vista político y económico. En primer lugar y como señalamos arriba, decenas de miles de pequeños, medianos y algunos no tan medianos empresarios, sufren el acoso constante de los grandes capitalistas. Baste considerar, para darnos una idea del grado de concentración de capital a que se ha llegado en México, algunos datos: la telefonía general la controla una sola empresa: Telmex, en tanto que en la telefonía celular son tres empresas: Telcel (filial de Telmex) Iusacell y Telefónica Movistar; la panificación industrializada la controla la empresa Bimbo, la industria refresquera está dominada por Femsa Coca Cola y muy atrás Pepsi cola, en las comunicaciones Grupo Radio Centro controla el 70% de la radiodifusión en tanto que la televisión abierta está en manos de dos empresas, que son Televisa y Televisión Azteca mientras que en la televisión por cable es el grupo Televisa el hegemónico; la industria cervecera está en poder de dos empresas, estas son Femsa con Cervecería Cuauhtémoc y Cervecería Modelo (cuya principal accionista, considerada la mujer más rica de nuestro país, acaba de casarse con el embajador norteamericano Tony Garza); la industria cementera se la reparten Cemex, Cruz Azul, y Apasco; pero los bancos constituyen la cereza de este pastel pues 2 bancos, BBV Bancomer y Banamex , ambos en manos extranjeras, acaparan los recursos financieros de México. Por cierto, de los bancos existentes en nuestro país nada más uno es propiedad de mexicanos. El comercio está monopolizado por unas pocas empresas: Walt Mart, Gigante, La Comercial Mexicana, la Soriana, Carrefour y Chedraui, las cuales han arruinado a miles de pequeños y medianos comerciantes, y ahogan con prácticas de auténtica extorsión a los proveedores, en particular a los productores del campo. Un solo dato sintetiza lo anterior: 19 empresas concentran los sectores clave del mercado mexicano (La Jornada en la Economía, 25 de abril de 2005, pp. 4 y 5).

   Siguiendo los lineamientos norteamericanos y canadienses, delineados con nuestro ingreso al GATT y plasmados en el TLC, el gobierno mexicano, desde tiempos de Miguel de la Madrid, fue retirando los subsidios al campo, en tanto que los productores agrícolas de esos países los mantuvieron, quedando los campesinos mexicanos sometidos a una competencia inequitativa y ruinosa aunado a, en el plano nacional, la supresión de los apoyos técnicos, de los precios de garantía y las fuentes de financiamiento, en tanto que el gobierno y los grandes comerciantes (Walt Mart, Gigante, La Soriana, La Comercial Mexicana, etc.), importan cada vez mas productos agropecuarios de los EE UU, en ocasiones productos congelados de muchos años en detrimento de los productores nacionales. Tal política hacia el campo ha terminado por devastarlo, expulsando a millones de campesinos a las ciudades, donde deambulan integrando un gigantesco ejército de reserva, o hacia los Estado Unidos, país en el cual sobreviven en condiciones precarias, pero contando con una ocupación y una remuneración de las cuales carecen en México, colaborando a la economía nacional con cada vez mas importantes cantidades, al punto de ser la segunda fuente de divisas sólo detrás de las exportaciones petroleras, situación que no puede ser aprovechada por la industria nacional incapaz de competir con las importaciones de mercancías norteamericanas, chinas y coreanas.

   La industria no ha corrido mejor suerte. El ingreso de México al GATT y la firma del TLC, llevaron al gobierno a abrir indiscriminadamente y sin control los mercados nacionales a las mercaderías extranjeras sin la correspondiente reciprocidad. El impacto de esas acciones ha sido brutal, ramas enteras de la industria mexicana han sido llevadas al borde de la ruina: la industria del vestido fue prácticamente quebrada con ropa norteamericana usada y ropa china de muy baja calidad pero precios sumamente bajos, la industria del calzado sufrió graves pérdidas merced al calzado de plástico chino y así por el estilo. Los productores nacionales han sido desplazados del mercado, al punto de que la mayor parte de las empresas industriales están en manos extranjeras (aunque para ser justos el proceso de desnacionalización de la industria viene de muy atrás de los regímenes neoliberales), convirtiendo al país en exportador neto de capital, todo lo cual se agrava con la nula inversión en tecnología propia aumentando la dependencia y la fuga de recursos hacia el extranjero por este concepto. La crisis del 95 cerró en definitiva las fuentes de financiamiento para los industriales, pues la banca dejó de prestar y sólo recientemente y de manera muy escasa empiezan a otorgarse créditos. Los recursos financieros fueron canalizados hacia la banca, al punto de que el 50% del presupuesto nacional se dedica a alimentar a esa monstruosa sanguijuela llamada Fobaproa a costa de la actividad productiva.

   Las esperanzas puestas en las maquiladoras tampoco dieron resultado, primeramente porque es casi nulo el valor agregado que la industria mexicana aporta a esa industria, no produce ingresos fiscales pues esa actividad está exenta del pago de impuestos, los empleos producidos en ella, son precarios y no generan un poder adquisitivo aceptable de los trabajadores por lo que poco contribuyen al fortalecimiento del mercado interno, de hecho, la famosa industria maquiladora se reduce a ser un gigantesco taller de montaje. Por otra parte las maquiladoras han emigrado a países como China, que si bien no tienen la ventaja de la cercanía con los norteamericanos, en cambio ofertan una mano de obra prácticamente regalada, desplazando a México de ese mercado e incluso de la captación de inversión directa.

   Así, la contracción de la actividad industrial y la quiebra del campo han conducido al aniquilamiento del mercado interno, al tiempo que las posibilidades de crear un mercado externo fuerte y amplio se han estrellado con nuestra falta de competitividad y la propia competencia china. Los resultado son un desempleo en constante aumento, la elevación del comerció informal y del subempleo.

   En semejante situación, nada tiene de raro que el discurso antimonopólico y nacionalista de López Obrador haya caído en el suelo fértil de un empresariado al borde de la ruina y sin perspectivas por parte del PRI y del PAN, más aun cuando no ha enarbolado las banderas rojas del proletariado. ¿Qué otra cosa puede pedir este sector burgués que un líder que expresa a la perfección sus intereses y no ha caído hasta el momento en veleidades socializantes?, y si había dudas, el 24 de abril en su discurso pronunciado el Zócalo se encargó de disiparlas: ni estatismo ni neoliberalismo.

      Por otra parte, el equipo de primer nivel de López Obrador está constituido por antiguos y destacados priístas: Ortiz Pincheti, Socorro Díaz, Leonel Cota, Manuel Camacho. Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard, tapado de López Obrador para el gobierno capitalino. Todos no solo fueron priístas, también estuvieron ligados a Salinas de Gortari y en el caso de Camacho Solís su íntimo amigo desde muy jóvenes, estando ausente la gente proveniente de la vieja (y en muchas ocasiones heroica) izquierda mexicana, y como remate la incorporación a este equipo de Federico Arreola, quien dice no pertenecer a partido alguno pero que estuvo en el equipo de Luis Donaldo Colosio y que se definió a sí mismo (en el noticiero de Ciro Gómez Leyva en canal 40) como “de extrema derecha”

   Otra situación digna de mención es la relativa a su relación con las organizaciones sociales, pues, en general, se ha favorecido a las organizaciones perredistas, v gr. Asamblea de Barrios, y en cambio a las no perredistas se les han puesto trabas innecesarias para la resolución de sus demandas. Existe la percepción de que bajo el falso argumento de “ciudadanizar” los trámites, se esconde la intención de desarticular a las organizaciones independientes o no integradas al perredismo.

   También es importante resaltar la política laboral de López Obrador (y del perredismo en general), pues si bien es cierto que durante su gestión al frente del gobierno de la Ciudad de México los salarios de los empleados públicos han tenido un aumento real, es igualmente cierto que la contratación de trabajadores por honorarios ha crecido, y sabemos que el contratar asalariados por honorarios sólo busca evadir el pago de las prestaciones sociales a que todo trabajador tiene derecho. Ha logrado derrotar a los charros sindicales del GDF, eliminando o, por los menos atenuando, prácticas corruptas con las cuales se esquilmaba tanto a los trabajadores como a la ciudadanía, pero se ha obstaculizado la formación de organizaciones sindicales de los mal llamados trabajadores “de confianza”. Además, no le conocemos ningún planteamiento claro en pro de una reforma laboral favorable a los trabajadores, más aun, en movilizaciones obreras importantes, como las del SME en defensa del sector eléctrico, se ha limitado a esporádicos saludos, sin asumir una posición clara y firme al respecto. Lo mismo ocurrió en el caso de las reformas al IMSS y las que se pretenden implantar en el ISSSTE.

   Con las anteriores consideraciones no pretendemos descalificar a López Obrador, sino poner de manifiesto que no se trata de ningún movimiento revolucionario, que esta lucha es ante todo una pugna interburguesa con una cada vez mayor participación popular, y quien la dirige  es una  fracción de la burguesía en pugna, donde los trabajadores tenemos muy limitadas posibilidades de participar en la dirección de la misma y menos aun de definir el rumbo que ha de tomar.

   Esta lucha, entonces, no es propiamente la nuestra, sin embargo no podemos permanecer al margen de ella so pena de vernos arrastrados a la misma, sin posibilidad alguna de ejercer influencia en los acontecimientos; más si hemos de participar se precisa tener bien claro a que entramos para que nadie se llame a engaño ni tampoco espere lo que no vamos a obtener sino a través de nuestra propia lucha, esto también lo dejo bien claro en el Zócalo al afirmar “se puede avanzar con las masas, pero se avanza mas rápido y con menos conflictos si se pacta con los distintos actores de la política”, lo que visto en perspectiva significa que las masas populares no pueden tener la seguridad de que sus aspiraciones democráticas, en lo económico, lo político y lo social, se atiendan a cabalidad; ni que tampoco se les incorpore a la conducción política del país. La vieja máxima de que “la liberación de la clase obrera sólo puede ser obra de la clase obrera” está más vigente que nunca. Y es esta reflexión la que nos debe llevar a tener en cuenta los “hoyos negros” en la política de López Obrador y, en consecuencia, tomar una decisión mas razonada sobre cómo y con qué objetivos participar en el presente movimiento, pues sería un error soslayar, en aras de no ir en contra del sentir de mucha gente, ciertos aspectos poco claros e incluso inaceptables, de la política lopezobradorista. El seguidismo es un lujo que ya no podemos darnos.
                                                        

                            09/05/2005

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