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Organización  Política  Proletaria OPP

2 may. 2014

LA CAÍDA DEL MEJOR ALCALDE DEL MUNDO


La clase política tiene la tentación de influir en la vida pública federal, o local, aún después de abandonar el poder; esa es una motivación que los lleva a colocar en su lugar a quien suponen será dócil para atender y acatar indicaciones.

   Marcelo Ebrard entregó el poder a Miguel Ángel Mancera después de que su incondicional Mario Delgado, jamás creciera políticamente en la etapa previa a la designación del candidato de la izquierda a la jefatura del DF. Creyendo que el elegido “no tenía grupo político”, supuso que eso lo colocaría como “el poder tras del trono”; y por eso mismo, serían bienvenidos sus oficios para negociar la toma de decisiones propias del ejercicio del poder. 

    La sorpresa inició cuando el nuevo jefe de Gobierno canceló eventos como las playas artificiales en Semana Santa y continúo respondiendo a los comentarios que su exjefe hacía en los círculos sociales para que sus dichos llegaran hasta Palacio Virreinal. Públicamente, Ebrard condenó que Mancera estuviera muy cerca de Peña Nieto. Las críticas de Marcelo continuaron durante todo el año y se aceleraron a partir de dos hechos: la Reforma Energética y sus deseos de presidir al PRD, planteando su candidatura dentro del partido donde es marginal. 

   A no dudar, el orgullo de Ebrard durante su gestión de gobierno fue la “dorada” línea 12 del Metro. Se empeñó en hacerla y terminarla en las fechas que le parecieron más convenientes para su “proyecto político”, que pasaba por dotarse de una plataforma que lo disparara hacia la candidatura a la presidencia de México en 2018. 

   Los desperfectos de la línea dorada evidenciados en días recientes, se han caracterizado por la gran exposición mediática de los niveles de corrupción desatados durante su gestión, la enorme indignación de la ciudadanía afectada directamente y de quienes con sus impuestos y tolerando las molestias que ocasionó la obra, hoy saben que lo dicho por el “mejor alcalde del mundo” fue la “verdad” de un político que no puede esconder su ambiciones de poder.

   Ahora sus errores y soberbia lo están alcanzando y sepultando; sus expectativas de continuar disputando el poder desde el único espacio que tenía, los medios de comunicación que gustan del escándalo, se volvió en su contra. Tiene el espacio para ser escuchado pero también la obligación de responder a preguntas incómodas de los periodistas, pero Marcelo Luis Ebrard Casaubon prefiere guardar silencio y esa es la mejor confesión porque, como dice el refrán: “el que calla, otorga”.

Síntesis del escrito de Enrique Pérez Quintana para Proyecto sin fin 


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